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domingo, 7 de septiembre de 2014

Y todo el problema comienza en el hogar...

OBESIDAD INFANTIL

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo 21. El problema es mundial y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. La prevalencia ha aumentado a un ritmo alarmante.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha calificado la obesidad de epidemia global, y estima que en el año 2015 habrá 2.300 millones de personas adultas con sobrepeso y más de 700 millones de obesos. La OMS define la obesidad como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”, y que afecta “a todas las edades y grupos socioeconómicos”.

Los expertos calculan que el 80% de los niños y adolescentes obesos continuarán siéndolo cuando lleguen a adultos si no se adoptan las medidas oportunas. En los últimos 40 años, la obesidad infantil ha explotado.

Hay que distinguir el sobrepeso de la obesidad. Una persona tiene sobrepeso cuando su peso está por encima del aconsejado en relación con la talla, y esto se calcula con el IMC o índice de masa corporal. Se considera que existe sobrepeso cuando el IMC se encuentra entre 25 y 29,9, mientras que a partir de un IMC 30 se considera que la persona es obesa. 

En América (Norte + Sur + Centroamérica), 1 de cada 2 adultos tiene sobrepeso u obesidad, y la proporción alcanza el 75% o más en algunos países. En los niños y adolescentes en edad escolar, entre 20% y 30% tienen sobrepeso u obesidad. La creciente obesidad es uno de los principales contribuyentes a las enfermedades crónicas, como las enfermedades cardíacas, el cáncer y la diabetes, que son ahora las principales causas de muerte y enfermedad en toda la región.

"Estas condiciones no sólo traen sufrimiento y el dolor, sino también el fantasma de la bancarrota económica, tanto para las economías nacionales como para los presupuestos de las familias", dijo Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

A partir de un estudio sistemático realizado en 2014, la prevalencia estimada de sobrepeso y obesidad en niños de América Latina en edad pre-escolar (menores de 5 años) es de 7,1%. En escolares (5 a 11 años) es del 18,9% al 36,9%; y en adolescentes (12 a 19 años) es del16,6% al 35,8%. Del 20% al 25% del total de la población de niños y adolescentes de América Latina tiene sobrepeso y obesidad. Es decir, 1 de cada 4 niños y adolescentes de América Latina.

Hasta hace algunos años el sobrepeso y la obesidad eran percibidos como un problema de los países desarrollados. En la actualidad este escenario ha cambiado radicalmente y la epidemia se ha extendido a una velocidad alarmante a los países de bajos y medianos ingresos, particularmente en las grandes ciudades.

Hoy existen en el mundo alrededor de 42 millones de niños y niñas con sobrepeso, de los cuales más del 80% viven en países en desarrollo.

Diversos estudios han relacionado el sobrepeso durante la infancia con la obesidad al alcanzar la edad adulta, y los profesionales médicos advierten que hay que prevenir y tratar los problemas de peso desde la niñez para evitar que estos trastornos y las enfermedades asociadas a los mismos disminuyan la calidad de vida de la población y desborden el sistema sanitario.

Los niños obesos y con sobrepeso tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades conexas son en gran medida prevenibles. Por consiguiente hay que dar una gran prioridad a la prevención de la obesidad infantil.

El riesgo de que un niño sea obeso aumenta considerablemente cuando sus padres lo son(tiene 4 veces más posibilidades de desarrollar obesidad si uno de sus padres es obeso, y 8 veces más si ambos progenitores lo son). Sin embargo, en esta ecuación no solo interviene la herencia genética sino también el estilo de vida de la familia como la preferencia por determinados alimentos o formas de cocinarlos que incrementen la ingesta calórica, así como un escaso gasto de energía debido a poca o nula actividad física. El niño normalmente seguirá los mismos hábitos familiares, lo que favorecerá el aumento de peso ya durante la infancia.

En el 99% de los casos, la obesidad infantil se produce como resultado de la combinación de una serie de factores 

*ambientales (una dieta inadecuada y sedentarismo), 
*genéticos (los niños cuyos padres son obesos tienen un riesgo mayor de padecer el trastorno), y 
*psicológicos (cuando se utiliza la comida para compensar problemas emocionales, estrés o aburrimiento).

“Los niños que hoy padecen obesidad vivirán menos que sus padres, porque las enfermedades asociadas al exceso de peso -como diabetes tipo 2, hipertensión arterial y depresión leve a moderada, entre otras- les reducirá las expectativas de vida”, dijo Francisco D’Onofrio, referente del Programa Provincial de Atención Integral a la Obesidad (PAIO), en Provincia de Tucumán.

¿Cómo elaborar una estrategia adecuada contra la obesidad infantil?
Sin duda debe ser a partir del compromiso conjunto de gobiernos, sociedad civil y empresas (alimentarias, básicamente), "el triángulo de oro", según Rhona Applebaum, directora de la Oficina de Salud y Ciencia de Coca-Cola Company, empresa cuya producción bastante tiene que ver con la mala alimentación y también la obesidad infantil...

"¿Qué niño pide hoy tomar agua?", se preguntó en San Miguel de Tucumán, Francisco D’Onofrio.
Y él se respondió a sí mismo: "¡Ninguno! Muchas familias no comen si no está la gaseosa en la mesa. Otras malas costumbres: le sirven el plato de comida, el niño come la mitad y los padres lo obligan a comer todo, o le dan plata para que compren galletas y golosinas ¡Craso error! Les exigen que ingiera más calorías que las que necesita..."

Los países de las Américas -la región con los mayores índices de obesidad en el mundo- están luchando contra la epidemia de obesidad a través de nuevas y más estrictas regulaciones sobre el etiquetado, la promoción y la publicidad de alimentos.

El establecimiento de normas sobre etiquetado, promoción y publicidad de los alimentos procesados ​​son necesarias para revertir el "aumento exponencial" de patrones de consumo poco saludables.

A propósito: para una batalla exitosa se aconseja instrumentar las sugerencias del relator de la ONU, Oliver De Schuttler: 

1. La obesidad debería transformarse en una política de Estado; 

2. Regular la publicidad de alimentos infantiles poco saludables, que utilizan dibujos animados y otros recursos para atrapar el interés del futuro consumidor; 

3. Promover -mediante la exención impositiva- la producción de frutas y verduras para que bajen sus precios y estén al alcance de la población con menores recursos 

4. Dejar de subsidiar los aceites y harinas para que la gente deje de comer tantas frituras, y 

5. Aumentar el impuesto a las gaseosas y comida chatarra, tal como se hizo con el tabaco para ayudar a la gente a dejar de fumar.

Luego, el capítulo de los compromisos individuales. Por ejemplo:

*aumentar el consumo de frutas y hortalizas, legumbres, cereales integrales y frutos secos;
*reducir la ingesta total de grasas y sustituir las saturadas por las insaturadas;
*reducir la ingesta de azúcares, y
*mantener la actividad física: un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o vigorosa que sea adecuada para la fase de desarrollo y conste de actividades diversas. Para controlar el peso puede ser necesaria una mayor actividad física.

Según la Sociedad Argentina de Hipertensión, existe una incidencia 3 veces mayor de la enfermedad en adolescentes obesos, si se los compara con chicos de la misma edad con peso normal. 

Según un informe de la Sociedad Argentina de Pediatría, la prevalencia de hipertensión arterial en la infancia es de 1% a 3% y llega al 10% en la adolescencia. Una de las características del desarrollo de esta enfermedad que más preocupa a los médicos es que cada vez existe un mayor número de pacientes pediátricos que padecen la hipertensión"esencial", aquella asociada a los estilos de vida, como el sedentarismo o una alimentación con alto contenido de grasas y sodio.


"-¿Por qué cada vez hay más niños con problemas de sobrepeso?
-El sobrepeso y la obesidad son trastornos crónicos multifactoriales. Sería una simplificación excesiva afirmar que la causa única es un desequilibrio energético, derivado del sedentarismo y de la oferta de productos alimentarios baratos e hiperpalatables a la vez que hipercalóricos.

El paisaje que ofrecen los estantes de un supermercado obedece a una demanda de productos asequibles, sabrosos y fáciles de disponer por parte de aquellos que no conceden valor o tiempo para ir al mercado o para cocinar, incluso a veces ni para sentarse a la mesa. El sedentarismo y la inactividad física son fruto de nuestra comodidad extrema. ¿Para qué andar o subir escaleras si disponemos de vehículos y ascensores? ¿Para qué cruzar la sala o el barrio si podemos descolgar el teléfono? 

Lo cierto es que si hemos llegado a este punto, con la tasa de obesidad en auge y la franja de edad asolada en descenso, es porque esta situación se ha “naturalizado” y ya no es valorada como un privilegio. No queremos prescindir de nada, ¡lo queremos todo! Y el niño que crece con el “agua dulcificada y enlatada” en la nevera y las “galletas en bolsas de plástico” en la mochila crece pensando que esas circunstancias son válidas y las rutinas diarias, ya integradas, son difíciles de mover. Además, muchos tardan en ver la necesidad de cambiar porque las consecuencias de la sobrealimentación no son inmediatas y las estrategias requeridas son tremendamente impopulares.

Para cambiar las pautas de alimentación se requiere concientización, esfuerzo y determinación. En mi opinión, la “confusión alimentaria” y la dificultad para mantener un peso saludable aparecen por la sobrealimentación y la inactividad derivados de la confortabilidad desmedida. Pero se sostienen porque la reflexión se demora. Y el aprendizaje nutricional se convierte en imprescindible para desarrollar un criterio y cierto grado de voluntad y tenacidad parecen inevitables para lograrlo.

-¿Quién es el culpable del aumento de los casos de obesidad?
-La obesidad es una enfermedad socioeconómica, ya que golpea de forma más intensa a aquellos estratos sociales con menos oportunidades de vida saludable, de cultura deportiva y con hábitos dietéticos alejados de las recomendaciones expertas. Porque priorizan alimentos baratos, con abundancia de grasas y azúcares, energéticamente densos, pero tristemente parcos en calidad nutricional. No obstante, es preciso destacar, que en algunos países emergentes son las clases sociales aventajadas las que, movidas por el reclamo publicitario y su posicionamiento socioeconómico, hacen uso y abuso de estos productos alimentarios tan atractivos como calóricos. 

-¿Cuáles son las pautas que hay que seguir ante un caso de obesidad infantil?
-El niño con posible sobrepeso u obesidad que realiza una consulta por éste u otro motivo requiere una anamnesis completa (apunta a traer al presente los recuerdos del pasado, recuperar la información registrada en épocas pretéritas) de sus antecedentes personales y familiares y un examen físico completo con toma de tensión y medidas antropométricas (peso, talla y circunferencia abdominal). Cuando se confirma el diagnóstico se realizan análisis sanguíneos para descartar alteraciones metabólicas. En ausencia de éstas, el paciente es controlado por su equipo de pediatría, quien supervisa regularmente los hábitos dietéticos. Esto lo realizan mediante el registro semanal de la ingesta. Pero también con la actividad física y la dinámica o situación emocional del entorno familiar. Se aborda el caso desde múltiples perspectivas: conducta, motivación y consejo nutricional.

Cuando la evolución no es satisfactoria, o ante la existencia de complicaciones, otros profesionales entran en escena. Al margen de esta aproximación individual, las estrategias más eficaces son las que se dirigen a modificar el ambiente, el entorno más inmediato (familia). Pero también las medidas más generales que afectan a círculos más amplios (escuela, transportes, publicidad, industria alimentaria…). Es indispensable reconducir en muchos casos la alimentación familiar, aumentando el consumo de fruta y vegetales frescos y disminuyendo la participación de procesados y refrescos. También incentivando el ejercicio físico, facilitando los desplazamientos a pie o en bicicleta, pasando más tiempo en familia y restringiendo el tiempo dedicado a los juegos de ordenador, consolas y móviles. (...)"

No es para nada sencillo el desafío. En la Clínica de Obesidad del Hospital Infantil de México, sólo 4% de los alrededor de 400 menores que son atendidos cada año logra revertir su situación de manera permanente.
La Clínica de Obesidad del Instituto Nacional de Pediatría ha documentado que únicamente 280 de los 800 niños obesos que atiende al año logran eliminar los kilos extra y mantener su peso adecuado.

Salvador Villalpando, coordinador de la Clínica de Obesidad del Hospital Infantil, reconoció que, a pesar de que los menores logran estabilizarse en 6 meses, "lo cual podría considerarse un éxito", después la mayoría recae.
Según él, esto se debe al ambiente obesigénico que rodea a los niños, que va desde el bombardeo publicitario de alimentos chatarra a la mala alimentación y el sedentarismo.

"Son factores en los que no podemos incidir, y al regresar los pacientes a ese ambiente obesigénico, es bien difícil que se puedan mantener por sí solos" , indicó Villalpando. (juntosbien.org)

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