Rolando García fue uno de los científicos más destacados de nuestro país, uno de los principales artífices de la teoría de Sistemas Complejos.
Falleció el 15 de noviembre del año pasado, a los 93 años, en la Ciudad de México donde vivía desde que tuvo que exiliarse en 1974. En 1966 también había tenido que migrar hacia Suiza, donde realizó investigaciones con el epistemólogo Jean Piaget. Desde 1957, a sus 38 años, había sido decano de la Facultad de Exactas de la UBA y dejó su impronta para siempre. Allí fue donde enfrentó en 1966 la Noche de los Bastones Largos.
Desde su dedicación a las ciencias de la Atmósfera y la dinámica de la Meteorología, se destacan sus trabajos pioneros sobre la sequía y el hambre, el cambio climático global y su impacto en losecosistemas y biomas, y en los sistemas de producción de alimentos. Lo recordaremos por su significativa contribución a la renovación de la Epistemología Genética y por haber fundamentado epistemológicamente la investigación interdisciplinaria dirigida a construir sistemas complejos, a fin de resolver problemas planteados por la modernidad insustentable.
Recordamos con particular admiración y respeto a Rolando García. Rolando se acercó a la acción humana sobre los sistemas naturales y configuró el “sistema global” para abordarlo desde las interrelaciones, romper el corsé cartesiano kantiano de separar y reducir la realidad a partes inconexas, sobrepasar definitivamente el Mecanicismo, huevo de la serpiente de la Crisis Ambiental.
El abordaje sistémico a la complejidad que plantea Rolando, lo hace desde el aporte inexorable de la Interdisciplinariedad. Desde ese atalaya cuestiona a la Filosofía de la Ciencia imperante desde comienzo del siglo XX, y pone en sospecha la cuantificación, los datos descontextualizados, el empirismo frígido, modo de hacer la ciencia legitimados por la omnipotencia del cientificismo neopositivista.
Redefine los conceptos de límites y extrae de las garras de la precisión para inscribirlo heracliteanamente en fluctuaciones configuradas como contornos y flexibilidades. Por eso cuando analiza las dinámicas de los procesos de los sistemas complejos, un parte aguas para encarar la problemática ambiental en estado de crisis desbordada, se acerca a las propuesta de Prigogine, y se evade de la teoría del fijismo, reflexiona sobre la auto organización de los sistemas abiertos y advierte perturbaciones y sismos magmáticos que demuestran la inestabilidad de los sistemas. De ese modo, decimos, los sistemas entran en inestabilidad cuando la intervención de la tecnología guiada por la lógica de mercado, conmueve las relaciones sistémicas y la anarquía se corporiza en un proceso entrópico inexorable.
Rolando García abrió las compuertas para que pudiéramos mirar a la tierra como un sistema complejo, de estructuras imbricadas, y desde la interdisciplinariedad puedan abordarse los problemas nacidos en las entrañas de un conocimiento insustentable, el de la ciencia moderna y su hija boba la tecnología, guiada por la lógica de mercado para cuantificar la vida y cosificar al ser, engendrando la devastación de los ecosistemas naturales como jamás en la historia y el genocidio de la diversidad cultural como nunca antes. Debemos a Rolando García, un camino del pensamiento de raíz latinoamericana para que, ante la crisis civilizatoria producida por el Modelo de Producción y Consumo vigentes, podamos imprimir un giro copernicano al saber, sacarlo de los pantanos del reduccionismo y hospedarlo en la complejidad ambiental para que la Morada de la Vida, vuelva a ser el cobijo de todos los seres.
Desde el saber ambiental latinoamericano, tendremos para con él una deuda eterna de gratitud, y desde aquí, nuestro homenaje.
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